David Porras Bonilla

E n c o n s t r u c c i ó n

Situs inversus (Relato) 

El mundo se ha puesto de al revés. La mayoría de la gente llegó al cielo. O cayó.

La verdad es que el eje de gravedad se invirtió. Pero no para las plantas o la fauna. O nuestras construcciones. Sólo los seres humanos dejamos de tener los pies sobre el suelo. 

La gente empezó a ascender. O a caer. Maldición, todo depende de como se mire. 

En ese primer día mucha gente desapareció para siempre más allá de  las estrellas bajo el cielo abierto. ¿Se volverán santos al llegar al cielo? ¿Fueron llamados por Dios y nosotros desoímos la llamada? ¿Fue quizás el juicio final, la última oportunidad de redención, y lo pasamos por alto?

No sé si fue el fin del mundo pero, por lo menos, fue el fin mundo que conocemos. 

De un día para otro la gente cayó hacia arriba.  ¡¡Cayeron al cielo!! 

Perdonadme la histeria, pero lo revivo como si fuera ayer mismo. No recuerdo lo que pasó antes de aquello. En un momento me veo lanzado contra el techo y en otro me arrastro sobre él (o bajo él) para mirar por la ventana hacia abajo y ver como cualquiera que está a cielo abierto se lanza a las entrañas de las nubes. Luego comprobamos, conmocionados, que cualquiera que se aventurara a cielo abierto tendría el mismo destino.

No sabemos de esa gente que fue cogida de improviso. Ni de los que escogieron  esa llamada. O si esas personas murieron ahogadas, sin aire, en el espacio, o si se congelaron en la estratosfera o si despertaron en sus camas de esta pesadilla. 

Yo creo que están presumiblemente muertos. 

¡Y aquello sucedió de un momento para otro! ¡Y luego hubo gente que se lanzó desesperada a esa salvación! 

Yo solo soy un testigo que vivió con los pies en  la tierra o con la cabeza contra el cielo… Pero sobreviví y sobrevivimos. 

En fin. Tomo aire para seguir hablando. Espera. Concluyo. 

Todo esto puedo recordarlo gracias a que sobreviví para explicarlo. Estoy aquí porque se ha desarrollado una cultura de supervivientes.

Viven en cavernas,  vivo en ellas. Pisan los techos que nosotros construimos con otra utilidad. 

Hacen pasarelas invertidas,  erguidas entre los edificios abandonados. Los valientes cultivan la tierra en cielo abierto sujetos con mosquetones y cuerdas con los pies señalando el el nuevo abajo.

Todo esto es me supera. Ellos llaman al fin del mundo La Caída. Y se sujetan con mil tipos de nudos. Están empezando a crear un lenguaje a partir de eso. 

Los niños aprenden antes a trenzar una cuerda que a decir una frase. Recolectan fibras vegetales o las cultivan en granjas hidrológicas invertidas.  Están creando una filosofía propia. Un nuevo lenguaje. 

Y tienen  un lema (creo que estoy volviéndome parte de ellos). 

Grita himnos todo el tiempo. Quizás éste los resume:

CONSTRUIMOS TECHOS PARA PLANTAR EL PIE. 

Situs inversus

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